(DÍA 9) BESO ROBADO

Beso robadoQuerido diario,

Ahí estábamos los dos, sentados en esa mesa perdida en el café… rodeada de un aire cargado de ilusiones y cuentos románticos. Ella hablaba, contaba historias mientras me miraba con esos ojos ladrones de toda paz que tanto me costó conseguir alguna vez. Yo no la escuchaba, tan sólo sonreía para encubrir mi desatención. Palabras salían de ella, juro que las veía salir a colores de su boca, pero no las escuchaba. Sólo soñaba con esos labios, aquellos que serían mi verdugo en esta guerra contra la locura. Vuelvo a sonreír.

“No te escucho bien”, le dije tramando un plan mientras que la música del local colaboraba con mi trampa. Sin dudar de mis intenciones, se acercó a mí cayendo en mi vil mentira. Nuestras caras se juntaron más, casi rozándose una con la otra, mientras mis rodillas patinaban y dejaban en evidencia mi nerviosismo. Mi corazón gritaba, la llamaba desde adentro pero sin hacerse escuchar, no era el momento todavía. Mientras que una gota de sudor se escapaba inesperadamente de mi frente, con la intención de recorrer mi piel lo más que podía…

¿Quién eres? ¿Quién te hizo dueña de mi alma, niña de mis sueños? ¿Por qué me tienes en este estado, por qué me agitas con sólo mirarme? Me ahogo en tu olor como si fuera preso de cataratas furiosas. ¿Por qué me hablas como si no supieras lo que pasa? Sigues contando tus historias como si tu instinto femenino no existiera.

Una brisa débil salía de su boca y terminaba en mi oído; era suficiente para mantenerme embriagado de ella por la eternidad. Volteé a mirarla y fue ahí cuando recién entendió que estaba expuesta, había caído en mi trampa. Pero no retrocedió. Sabía de mi intención pero no escapó, aparentó confusión pero nunca cerró los labios.

Y yo me acerco más, y te beso como nunca te han besado en la vida.

Labios que siempre debieron estar juntos, hoy bailan una canción desconocida por el mundo. Me miras extrañada, mientras continuas besándome. Dices que no pero tampoco me sueltas, hasta que un suspiro se escapa de ti, y te libera de todo laberinto creado por el miedo. Muerdo lentamente tus labios y los siento dulces como el agua. Te miro y te vuelvo a besar.

Un beso es el alimento perfecto para el alma y tú eres el menú que quiero tener para toda la vida.

En un momento que aún no esperaba, los labios dejaron de bailar juntos y simplemente se quedaron estáticos. Fue ahí cuando cerré mis ojos para poder utilizar los otros sentidos con todas mis fuerzas. Mis manos dejaron su espalda para apoderarse de su cuello y la acercaron más a mí. Una suave presión hacía que el beso tomará más fuerza, apretando nuestros labios, lo suficiente para que no se dejen ir nunca más.

¿Sientes eso? Una pregunta que no sale de mi boca sino de mi pecho… mientras abro los ojos otra vez. Vuelvo a preguntar sin dejar escapar alguna palabra, el silencio que nos acompaña no se rompe y abres los ojos también, porque me escuchas. Nos separamos y sonríes, y yo continúo con mi promesa. “Llévate este beso contigo amor de mi vida, guárdalo en tus recuerdos y cuídalo con tus lágrimas, juro por mi vida que habrán miles más… pero este será siempre el primero”.

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