(DÍA 8) LLORANDO CONTIGO

ojos tristes 2Oye mis palabras, oye lo que siento, oye lo que te digo desde dentro. Estoy acá contigo, para que vivas esta pena junto a mí. Coge mi pecho y siente mi corazón, que llora con el tuyo. Baja esos lentes y deja de avergonzarte de esas lágrimas hermosas que ruedan por tu rostro. Déjame vivirlas contigo, déjame demostrarte que cada una de ellas tiene una razón por la cual existir. No te escondas tras esos vidrios oscuros y comparte esa emoción que tienes, con el mundo. Tu tristeza me enamora más de ti. Si verte llorar me roba todo aire que respiro, ¿qué será verte reír? Déjame secar esa última gota con mis labios, mientras beso el lado más frágil de tu vida.

Querido diario,

Amigo y confidente de aventuras, hoy la volví a ver… toqué el cielo mientras me perdía en mis nubes. Fui invencible por momentos y me volví poderoso con su lado más frágil. Me enamoré de su llanto, mientras me ahogaba en su pena.

Entré a la cafetería como una tarde cualquiera y bastó una mirada cruzada con ella para que mi tranquilidad se escapara por la maldita rendija de la ventana. Adornó su rostro con unos lentes de sol y continuó tomando su café. Yo busqué MI mesa y me senté rápidamente. La silla, era lo suficientemente fría y dura como para estar incómodo, lo necesario para mantenerme en la realidad, y no dejarme llevar por mis fantasías. Volteé a mirarla otra vez y confirmé mi adicción hacia ella.

No me dio vergüenza mirarla fijamente. “Si algún día sabrás que soy yo quien te abrazará por las noches… mejor que ese día llegue de una vez”, me repetía para coger valor. Ella no me notaba aún, su atención estaba desperdiciada por todas las esquinas del lugar. Se había sentado en esas sillas enormes, súper altas, por lo que sus piernas no llegaban al suelo. Ver sus tacos enredarse entre los fierros de la mesa, hacía temblar cada parte de mi cuerpo. Parecía desorientada, mirando a todos lados, mientras sus dedos se perdían en el juego que hacía con esa servilleta.

Quisiera ser ese maldito papel y poder enredarme entre tus manos. ¿Qué has hecho hoy que estás más hermosa que nunca? Quiero llorar y reír al mismo tiempo, eres la principal razón de mi falta de cordura, eres la excusa perfecta de mi locura. ¿Por qué lo haces? ¿Por qué me haces esto? No puedes andar así por el mundo, te lo tengo prohibido. No puedes estar boicoteando mi tranquilidad con esa dulzura que te adorna, exhibiendo todo de ti frente a hambrientos de amor como yo.

Sus lentes oscuros no ocultaban su mirada. “¿A dónde miras con tanta firmeza?”, le pregunté… me pregunté en realidad. Esos vidrios negros no pudieron engañar al olfato suspicaz de mi corazón; ocultaba su mirada triste por culpa de otro hombre, un imbécil era causante de su desgracia. Ella miraba al suelo fijamente, como si estuviera buscando respuestas a preguntas que nunca debieron nacer. Miraba al reloj convirtiéndolo en su enemigo más odiado, esperando que el tiempo se detenga, que pudiera retroceder o en todo caso adelantarse varios meses más… queriendo que este momento lograra terminarse de una vez.

Y volvía a mirar el reloj, y su victimario no llegaba. Esa servilleta, ya no era más su amiga afectiva, ahora sólo un pedazo de papel en pleno suicidio dentro del basurero. Un café casi vacío te acompañaba, intentaba sobrevivir a los cortos sorbos que le hacías para que no acabara nunca. Y volvías a mirar el reloj. Mirabas por la ventana, esperando alguna luz en el fondo, buscando a un hombre que no es ni la mitad de hombre de lo que soy yo para ti. Mi fastidio intentaba desbordarse por mis poros, pero hacía mi mejor esfuerzo por contenerlo.

Hasta que la vi…

Vi una gota recorrer tu mejilla, una lágrima, lo suficientemente valiente para escurrirse de la yema de tus dedos, escapándose de los lentes oscuros que traías puestos y poder servir para lo que había sido creada. Por fin salía a la luz, huyendo de la prisión de tus ojos y así respirar el aire que adornaba el lugar. Se hacía notar frente al mundo, demostrando que no estás hecha de piedra y que el amor se desborda de ti.

Y te vi llorar, y lloré contigo cien veces, y mil veces más.

Una cólera inmensa inundó mi corazón y sentí fuego recorrer mis venas. Mi corazón latía a toda velocidad y me acerqué a ella, y sin ninguna explicación coherente, le hablé por primera vez en mi vida…

¿Por qué lloras mi amor? Cada lágrima tuya quiebra un poco más mi alma y no tengo cómo llenar ese vacío en mí. Acá me tienes para que cantes ese llanto conmigo. No estoy para callarte o decirte que pares, sino para agarrarte de la mano y guardarte en mi corazón. No desperdicies tus lágrimas en hombres que no tienen la habilidad de poder verlas. Ven y camina conmigo, y lloremos de emoción por el futuro que te regalo hoy con mis fantasías. Mira bien mi sonrisa, será quien despierte todas tus mañanas. Oye bien mi voz, será quien acompañe todas las esquinas tristes de tu corazón.

Me miró, y noté que ESA lágrima se perdía entre sus labios abiertos… ¿estaba sonriendo?

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