(DIA 7) BAILANDO JUNTOS

baileNo tengas miedo de mirarme con esos ojos de bolero, mírame por siempre amor de mi vida; has temblar mis rodillas las veces que sean necesarias, hasta que pueda darme cuenta que eres real. Déjame perderme tras el rock de tu pelo negro alocado, olas de emociones, mientras me aferro al mástil de la realidad. Muero por bailar contigo, pero vivo para hacerlo todas las noches otra vez. La música será mi cómplice ideal para empujar a mover tu cintura cubana, y así le pongas salsa a mis ganas de ti. Eres mi canción perfecta, la que hago sonar una y todas las veces más. Eres mi Vals peruano un domingo por la tarde, la lágrima que escondo detrás del Huayno. Baila conmigo mi amor, baila conmigo ahora, baila conmigo otra vez.

Querido diario,

Tenía varios minutos mirándola, sin saber qué hacer. Discusiones mentales ocurrían en mi cabeza, discusiones acaloradas contra mis sentimientos. La miraba y la volvía a mirar. Buscaba las palabras perfectas para acercarme a ella, y una pregunta rondaba de un rincón a otro buscando desesperadamente su respuesta. ¿Qué le digo a la mujer que he buscado toda mi vida?

La bachata de fondo me invitaba a ser más arriesgado, a que subaste mi seguridad emocional y apueste todo lo que tengo con tal de bailar con ella. A falta de coraje, mis piernas tomaron decisión propia y empezaron a andar. Mi cuerpo, en piloto automático, se acercó a ella y alce mi cara. Caminaba como si fuera el dueño de la canción que sonaba, parecía Pedro Navaja diente de oro; pero los nervios no me dejaban tranquilo y me jugaban en contra; parecía Pedro Navaja herido de puñal.

Me acerqué a ella y mi corazón cumplía perfectamente la función por la que fue contratado, palpitaba descontroladamente. La miré y un maldito color rojizo me adornó la cara. Le ofrecí mi mano derecha (mientras volvía al pasado unos diez años atrás) y le pregunté, “¿Quieres bailar conmigo?”.

Ella sonrió, bajó las defensas, abrió la puerta, me dio su mano, y me dijo que sí.

Por un micro segundo, el tiempo decidió parar, la música dejó de sonar y las personas se quedaron estáticas. Un momento que fue maravillosamente eterno. No había nadie, no había nada, no había ningún lado. Sólo estaba ella y yo. Mis ojos bailaban con los de ella, bajo la misma sintonía y aún no nos movíamos. Era hermosa, “es hermosa”, me decía a mí mismo. Sus ojos brillaban más que las luces del local, señuelos perfectos para caer en sus manos. Yo había caído en su trampa desde el primer momento en que la vi.

Por ese segundo, ese micro segundo, fui eternamente feliz.

Llegamos a la pista de baile, y mi mano derecha soltó su mano. Las yemas de mis dedos se alejaron de las suyas y cogí su cintura con fuerza, como si me perteneciera, como si la hubiera tenido otras mil veces antes. Poco a poco fue subiendo hasta su espalda mientras mi izquierda robaba su derecha. Al encontrarla, se conectaron como dos imanes opuestos cuando se juntan, destinados a estar juntos para siempre.

Fue en ese momento en que por fin me miraste, entraste por las puertas que mis ojos te abrían y me dijiste algo en silencio… te habías dado cuenta que yo era el hombre que el destino había reservado para ti.

Volteó a mirar a la barra, luego a otro lado, y después a la barra otra vez. Buscaba a sus amigas o al menos aparentaba hacerlo. Sin embargo, no las encontraba. Yo la miraba de reojo, tampoco quería demostrarle claramente lo mucho que me encantaba, pero su olor me hacía volver a ella. Su perfume hacía que mis sentidos se apagaran por momentos, tan sólo atinaba a respirar hondamente y sentirla totalmente en mí. Mientras mi mano seguía aferrada fuertemente a la suya, pasó algo extraño…

Voltee a mirarla otra vez, y ella también me persiguió la mirada, hasta que nos encontramos.

Nos miramos y empecé a cantarle.

Baila conmigo toda la noche, niña de mi vida; baila conmigo y haz que dure para siempre. Deja que la música se diluya en el tiempo, deja que se pierda en la frontera entre lo real y mis fantasías. Sigue bailando te lo ruego, cierra los ojos y escucha a mi corazón cantando con el tuyo. Eres la melodía que mi música ha buscado toda la vida, sin ti soy sólo ruidos sin sentido. Baila conmigo, baila conmigo como si fuera la última vez, juro no soltarte jamás. Mírame de frente, o léeme de reojo, yo me encargaré de hacerme el dueño de tus ojos.

Me enamoras cuando bailas, y cuando te conectas con la música. Vives emociones con la facilidad con la que das vueltas al bailar. Lloras y ríes al mismo tiempo, y yo me pierdo en el perfume de tu cuerpo. Lloras y ríes al mismo tiempo, y yo me ahogo en lo que siento por ti. Lloras mientras me haces sonreír. Ríes y me haces llorar. Cantas en silencio tus heridas, mientras bailas conmigo esta bachata caprichosa. Déjame bailar contigo una vez más y cantarte esta canción mil veces más; hoy estoy acá contigo…

Mi cara se acercó, y acarició la suya; mi corazón se detuvo y la música dejó de sonar; y la besé, juraría que la besé.

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