(DÍA 4) LA QUE SE ARREGLA

lapiz de labiosTelas, colores y coloretes, haces arte con cualquier detalle. No todos comprenden el esfuerzo que pones para poder compartir ese poquito de ti con el mundo, con la gente, conmigo. No es que seas más linda cuanto estás arreglada, pero eres increíblemente preciosa mientras lo haces. Amo el esfuerzo que pones a cada detalle de ti, ya que tienes la difícil tarea de seguir el ritmo a este mundo y no perder tu verdadera esencia a la vez. Pinta esos labios con todo lo que quieras que yo me encargaré de limpiarlos con mis besos. Te amo, te amo, sin pinturas y con ellas. Ponte encima las telas que quieras, el quitártelas será mi aventura.

Querido diario,

Hoy la volví a ver, hoy salió el sol y no tuve la necesidad de ver el cielo. Yo estaba en mi carro, manejando al trabajo, enredado entre mis problemas y otras cojudeces… y de la nada la vi. El policía de tránsito, un gordito vestido de verde parado en una esquina de la calle, se convirtió en mi cómplice perfecto para poder toparme con ella esta vez. Su carro, estaba a la misma altura que el mío, pero a mi mano derecha, y me bastó una mirada fugaz para saber que era ella.

La vi cantar una canción, no sé qué canción era, pero la cantaba con tantas ganas que me hacía sentir escalofríos por todo el cuerpo. ¿Me estará cantando a mí? Por más que abrí mi ventana no escuché nada, porque ella andaba encerrada entre esas cuatro puertas color azul metálico. La cantaba con todas sus fuerzas y hacía vibrar cada ventana a su alrededor. Yo no podía oír nada, pero estoy seguro que la escuchaba. “Es ella”, me dije. Estoy seguro que era ella, porque hacía cantar a mi corazón, con tanta energía y en silencio. “Eres tú”, pensé, “eres la mujer que no dejaré escapar más”, continué, “ya tengo tu placa anotada y no habrá kilometraje que pueda alejarte de mí”. En todo este coqueteo de fantasía vi que sacaste un aparatito extraño, un lápiz de labios, y empezaste a decorar tu boca.

“¿Qué haces mi amor? ¿Qué estás haciendo? No te hagas daño por favor, no pintes nada… ¿Por qué te pintas con algo tan ajeno a ti?”

Mis preguntas rebotaban contra los vidrios, que la protegían de cualquier intento mío de acercarme.

Fue ahí cuando me di cuenta de algo que jamás me había permitido descubrir. Sus labios, tentación pura, carnada perfecta para mi deseo más animal… estaban diferentes. Algo hizo con ellos que cambiaron, era raro, ya no eran los mismos pero seguían siendo los mismos. No tuve más tiempo para entender dichoso fenómeno, decidió avanzar y se alejó de mi vista. Pero sus labios, rosados y ahora brillosos, se quedaron ahí, inmortalizados en la luz. No escuché las bocinas ni los insultos de aquellos choferes poco románticos. Sólo cuando tuve que parpadear es que esos labios empezaron a desaparecer, y pensé que la había perdido otra vez.

Sin embargo, el destino me guiñó el ojo dos veces hoy día y horas después, pude verla otra vez. Ella ya no estaba en su carro, ahora iba en la parte de atrás de un taxi. Ya no tenía esos labios rosados brillosos o ese pelo corto ordenado. Ahora tenía ojos gigantes color negro, que podían oscurecer toda la calle si ella lo quisiera. La vi y nuevamente supe que era ella, sabía que era la misma mujer que había visto en la mañana. “Qué hermosa eres”, pensé, “¡Qué linda eres carajo!”, me volví a repetir. Esta vez estabas a mi mano izquierda, por lo que tuve que pegarme a mi ventana para poder verte mejor y mi respiración se empezó a notar en la luna de mi carro.

Fue en ese momento que vi algo que jamás saldrá de mis recuerdos. Mientras espiaba la parte de atrás del automóvil, noté que ibas quitándote rápidamente los botones de tu blusa. Si antes me faltaban lentes para ver más claro, el color de tu piel bronceada curó toda miopía que traía conmigo. Mi ventana no podía estar más empañada, y mi respiración parecía la de un caballo en pleno clásico dominical. En ese momento volteaste, sin verme, y pude ver algo que mi imaginación jamás había podido fantasear hasta este momento, y… me dieron ochocientos cincuenta paros cardíacos…

¿Qué estás haciendo cosita linda? ¿Qué cosa te ha llevado a hacer dichosos actos imprudentes? ¿Por qué te cambias niña de mis sueños? No hay tela o trapo que pueda hacerte más hermosa de lo que ya eres. En un mundo lleno de estampitas, tú eres mi holograma perfecto. Si me llenas los ojos con tan solo mirarme, ¿por qué te arreglas? Un silencio llegó y un pensamiento terminó por amargar mi momento. ¿Para quién te arreglas si yo estoy acá? Tu taxi avanzó y mi carro se quedó atorado en el carril que estaba. “¡Siempre te me escapas, maldita sea!”, renegué e insulté como nunca lo había hecho antes. Sólo pude ver como tu taxi se alejaba, y veía por tu sombra, como continuabas cambiándote.

Aparentas travesura y tentación, sin vergüenza alguna coqueteas con la belleza, mientras compartes con el mundo un poco de tu intimidad. Amo tu valentía al salir frente a esos ojos críticos y amenazantes, mientras cacheteas a la gente con tus maravillosas imperfecciones. Le das un sentido diferente al arte, mientras descubres que la magia no está detrás de esas líneas azules o negras, sino en el brillo de tus ojos, que resalta con ellas. Hoy te entiendo más que nunca, niña de mis sueños… son tus franelas las que me visten el alma, mientras me pintas una sonrisa con tus colores.

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