(DÍA 2) LA CHICA DE LA CAFETERÍA

cafetera2“No hay mujer más perfecta que aquella que pelea día a día por lo que quiere, por lo que sueña. Aquella que es capaz de multiplicar las horas de su día para que el tiempo le alcance. Estudia y trabaja a la vez, porque las cosas no le fueron regaladas, y en el día a día aprende el valor de sus logros. Lo que más me enamora de ella, es que a pesar de todo este esfuerzo, desgaste físico y emocional, aún tiene la grandeza de saludarte con una sonrisa”.

Querido diario,

Hoy la vi cara a cara. Cualquier palabra que vaya a usar de aquí en adelante, no hará justicia a toda la emoción que pude haber sentido en ese momento. Toque el cielo, me hundí hasta lo más profundo del océano, y volví a tocar el cielo otra vez. Me sentí recontra estúpido y aún me siento así. Tanto tiempo atrás de ella, tanto tiempo buscándola y nunca me imaginé que iría a encontrarla en mi lugar secreto, en mi campo de fuerza, en mi cafetería.

Yo entraba apurado, totalmente distraído, buscando con urgencia cualquier bebida caliente que pudiera combatir el frío insoportable que hizo por la tarde. Caminaba entre tropezones, porque no miraba al frente, mi atención estaba puesta en mi billetera vieja, buscando monedas para poder pagar con monto exacto. Llegué al mostrador sin ver quién estaba frente a mí, al otro lado del mostrador. Una voz me recibió con un “hola”, un sonido que jamás había oído antes, pero que siempre lo estuve esperando escuchar.

Bastó un “hola” para que mi cabeza empezara a dar vueltas como montaña rusa, mi vista se puso borrosa y con mucho esfuerzo podía ver alrededor. A ella la veía perfectamente. Mi mano temblaba, seguía buscando esa combinación necesaria de monedas para pagar mi pedido. Cogí el monto equivocado y el dinero se escapó entre mis dedos. Después de eso, el ruido escandaloso hizo evidente (para todos los que estaban por ahí) lo que andaba sintiendo en ese momento. Respondí “hola” y ella se rió.

Ojos inmensos, del tamaño de la luna. Ojos gigantes, para poder ver todo. La miraba y no podía creer que por fin estaba al frente mío. “No puedo creer que por fin te encontré”, repetí en voz baja, pero creo que terminó por escucharme. No me importó, no me preocupó dejar en evidencia mis intenciones. Yo quería que ella lo supiera, que ahí estaba yo, su hombre, la persona destinada a hacerla feliz para siempre. Ella no hizo caso o aparentó no haber escuchado.

Café en mano, pero en bebida fría. Ya no era necesario tomar algo caliente, la temperatura de mi cuerpo estaba por las nubes. “Nunca pude estar más enamorado de ti”, pensé. Me alejé poco a poco y me senté en una de las mesas más cercas al mostrador; y entre mis papeles y mi computadora, mis ojos empezaron a escurrirse como dos niños jugando a las escondidas. La veía en la máxima expresión de su espontaneidad. Despreocupada por el “qué dirán”, ni el “cómo me veo”, y dedicada totalmente a la persona con la que estaba hablando.

Regalas sonrisas al por mayor, ofreces sonrisas como si fuera aire. ¿No tienes temor a que se te acaben algún día?

Mientras la veía totalmente hipnotizado, un niño se le acercó, parecía que traía consigo alguna duda rondando por su cabeza. La vi agacharse, casi arrodillándose ante este ser tan diminuto, para poder escuchar con claridad sus peticiones. “Nunca pude estar más enamorado de ti”, volví a pensar. Fue increíble, como si sus rodillas estuvieran predestinadas para hacer eso, para poder llegar a todo tipo de personas y poder escuchar los secretos detrás de sus corazones. Abuelos, señoras, jóvenes o adolescentes, cada quién con sus propias historias, penas o amarguras, todos terminaban frente a ella… y con un simple “hola”, lograba hacerlos sonreír.

“¿Qué clase de magia es esa que traes ahí?”, volví a pensar y seguí pensando…

“Luchadora, estudias y trabajas al mismo tiempo, porque tu carácter te distingue entre las demás. Sabes lo que quieres y estás dispuesta a dejar el alma hasta lograrlo. Pequeñas sombras adornan tus ojos, sombras naturales que me dicen que duermes poco desde hace días. La vida no es fácil para ti, mi amor. Sin embargo, haces que sea más llevadera para los demás. ¿Quién te dio esa habilidad? ¿Quién te dijo que ese es tu deber? ¿Por qué lo asumes como tuyo? Me robaste el corazón desde el momento que entré por esa puerta.”

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