AMOR EN EL DOLOR

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TRÉBOL

Lo vi sentado al pie de la cama, tieso como un árbol, viendo el cielo gris a través de la ventana de nuestro cuarto. CORAZONES tenía los ojos abiertos, pero no estábamos mirando nada. Lo vi tan perdido ese día, que sentí compasión e intenté escuchar sus pensamientos. Inexplicablemente, no había alguna idea florida revoloteando por ahí; solo un vacío interminable acompañaba su soledad. Ambos sentíamos lo mismo, y era algo nuevo y desagradable.

– ¿Qué haces CORAZONES? – pregunté con cierto temor a que me hable de alguna de sus locuras.

CORAZONES

– Nada – respondí automáticamente y casi sin pensar

TRÉBOL

Debo confesar que no era la respuesta que esperaba. Era un CORAZONES distinto, apagado, sin esa chispa cursi y estúpida que me gustaba encontrar en él. No tuve que insistir para obtener información, ya que tomamos un gran respiro y empezó a desfogar.

CORAZONES

– ¡No entiendo TRÉBOL! Ya no soy el mismo de antes. Ahora se me hace tan difícil pasear entre mis nubes – dije con un tono de voz como si en realidad le estuviera preguntando. Como si en verdad creyera que ese EGO fuera a tener alguna respuesta a mi crisis existencial. Aun así, continué.

– Ya no se me ocurre nada romántico. No me fluyen las palabras y ando enredado entre mis historias. He dejado de despertar soñando y ya no sueño despierto. Simplemente me siento vacío, estoy vacío y eso es mi perdición. ¿Y si ya me olvidé de lo que es el amor?

Tengo mucho miedo, creo que he perdido mi esencia

TRÉBOL

– ¿A qué tienes miedo? – pregunté.

CORAZONES

– A desaparecer. A que ya no se me necesite más. A que ya no sea necesario creer en cuentos de amor y soñar en besos bajo la luna. A que al hablar de la mujer de mi vida suene a disco rayado y que todos me vean con desprecio o peor aún, con indiferencia. Temo que pronto ya no sea necesario un CORAZONES y simplemente ahí dejaré de existir.

TRÉBOL

– Puede ser que tengas razón… tal vez ya no sea necesaria tanta cursilería.

CORAZONES

– Puede ser que sí. Quizás deba aterrizar mis pensamientos y apagar las luces de mis sueños. Mirar el suelo y dejar de sonreírle al amor. Hoy estorban mis poemas, mientras uno intenta sobrevivir a este mundo de mierda.

Si es necesario, daré un paso al costado, para que tú y los otros JOTAS tengan más fuerza para afrontar las exigencias de este mundo práctico, escéptico y jodidamente materialista. Tal vez eso es lo que tanto hemos buscado para poder vivir más cerca de la realidad. Quizás así encontrarán el amor, tal y como es, con espinas y sabores amargos. Descubrir que no todo es alegría, y que el amor también se encuentra en el dolor, en el llanto y la frustración.

TRÉBOL

– Eso, es lo más romántico que te he escuchado decir en mucho tiempo

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