SENSUALIDAD

grandpa

JOTA DE CORAZONES

Recuerdo que era temprano, recién empezaba el día y las tiendas del centro comercial iban abriendo los candados de sus puertas para poder recibir a los clientes. Caminaba sin rumbo, como si nada me motivara, era de aquellos días en los que te levantas con el pie equivocado y nada te hace suspirar por la vida.

En mi andar torpe y sin sentido, me fui a topar con una pareja de abuelitos que no dejaban de mirarse evidenciando complicidad en sus pensamientos. Mi sorpresa llegó cuando me di cuenta que estaban frente a una tienda de lencería erótica, mirando sorprendidos a través de la mampara frontal.

No pude contener mi curiosidad, por lo que me acerqué a ellos lo suficiente como para poder husmear los pensamientos de aquel ancianito.

ABUELITO

Me traes loco, hoy tanto como siempre. Eres la mujer que me robó el aliento muchos años atrás y la compañera que me lo devuelve ahora. Paseo entre las arrugas que traes tras tus ojos, recuerdos de risas que nos hemos regalado juntos; mientras me zambullo en tus labios, los mismos que me han regalado incontables de palabras que cambiaron mi mundo, mil veces antes y mil veces más.

Tus ojos han cambiado de color con el tiempo, pero tu mirada sigue siendo la misma. Todo es nuevo para ti, como si lo estuvieras viendo por primera vez. Tu sorpresa es mi deseo, que me descubras mi obsesión, tentación suficiente para ser tu tesoro escondido día tras día.

Mis manos se encuentran con las tuyas, se acomodan perfectamente como si se hubieran amoldado una con otra con el pasar de los años. Siempre frías, siempre frescas, calmando todo ardor que he podido cargar tras mi espalda en la vida. Y las mías igual de tibias como el primer día en que te vi, calentándonos en aquellas noches de tormentosas e insensibles.

Te veo mirar sorprendida a través de aquella ventana, distraída con ese disfraz postrado en aquel maniquí, intentando entender los nuevos caminos del amor y sexualidad. Coincidimos miradas y tal vez, pensamientos traviesos de antaño. Una risa escapa de mi boca, como un caballo que cabalga sin destino y te ríes conmigo. Son esas sonrisas tímidas de las que me enamoré desde la primera vez que escuché, las mismas que usaste cuando te propuse vivir juntos hasta siempre.

Hoy no entendemos de tallas de calzones, marcas o disfraces de súper héroes que no existen; pero sabemos más que nadie de erotismo y sensualidad. No necesito más que tus historias en el supermercado para fantasear y me ilusionan las acrobacias que tienes que hacer para llegar al pan caliente de las seis de la tarde.

Mientras seguimos sumergidos entre lencería que no entendemos, estilos franceses o brasileros, hechos de algodón peruano; te abrazo intentando usurpar algo de tu intimidad, tocando tu olor con mis sentidos mientras nos perdemos entre más de un sueño ya caminado.

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