(DÍA 6) LA CHICA DEL HOTEL

HOTEL

Expresión perfecta de erotismo y sexualidad; ya no eres más un poema de amor, tan solo historias de pasión y descontrol. Mis deseos por ti se desbordan de mi piel y me apeteces más que nada en este mundo. Eres la adicción perfecta de mis sueños más instintivos y perturbados. Eres la mujer que tanto he buscado en mi vida, sientes tu sexualidad con la naturalidad con la que te pintas las uñas. Guardas todos los tabúes en la cartera, mientras te desnudas frente a mí. Escondes inseguridades bajo la alfombra y me mandas besos volados de pura sensualidad. Me tienes embobado cuando te veo y más aún cuando te toco por primera vez. Hoy voy a tomar tu cuerpo y hacerlo mío.

Querido diario,

Hay momentos en la vida, en donde los deseos sobrepasan a la sensatez y al propio amor. Momentos en donde nuestros instintos se asemejan al de los animales y nuestros impulsos sexuales empiezan a ser protagonistas de nuestras decisiones. Excusa perfecta para justificar mi escape furtivo con esa chica de una noche cualquiera. Cuando el deseo se escapa de la pasión y los cuerpos se inundan de candela, las acciones suelen ocultarse tras las lunas oscuras de un automóvil.

El cartel eléctrico de “HOTEL” de bajo presupuesto, hicieron más folklórica la situación. Estacionar a escondidas y pagar con efectivo (monto exacto), se vuelven estrategias perfectas para argumentar que ÉSTA, sólo fue una situación NADA programada, llevada por los deseos más primitivos que todos podemos tener. Un saludo rápido al conserje y apretar insistentemente el botón del ascensor, deja en evidencia mi intención de pasar desapercibido.

El destino es juguetón, caprichoso como un niño en el parque y te sonríe con sus ocurrencias.

Hoy, querido diario; mientras se abría la puerta de ese ascensor; mientras hacía aspavientos para llegar rápidamente a ese tan conocido cuarto del “amor”; mientras mi corazón palpitaba fuertemente manejado por mis deseos carnales; justo en ese momento LA volví a ver.

Ahí estaba ella, pelo marrón corto, totalmente despeinado; lo cual hacía notoria alguna travesura anterior. Tacos altos que se tambaleaban de izquierda a derecha, manejados por su incapacidad de mantener cierto balance corporal. Era evidente que el alcohol había cumplido su objetivo. Ahí estaba ella, agarrada de la mano de algún imbécil cualquiera; que probablemente pecaba de ingenuo o ignorante, de no haberse dado cuenta que esa niña linda, ya tenía un hombre.

“¿Qué haces acá, amor de mi vida?”, me pregunté rápidamente. Pero no me escuchaste obviamente; tan sólo bajaste la mirada, como si buscaras respuestas o alivio en ese piso blanco que adornaba el ascensor. Un color rojizo empezaba a colorear tu rostro. El silencio se apoderó de ese pequeño espacio cuadrado, que iba subiendo lentamente cada metro hacia arriba, intentando apurar sus motores para evitar cualquier tipo de catástrofe.

Mi corazón palpitaba a mil, mientras la vena de mi cuello se inflaba como globo aerostático. El olor de su perfume se esparcía por todo el ambiente y yo lo tomaba como una invitación para tomarla por sorpresa. Ya no había nadie más en ese lugar. Mi compañera de noche se mantenía escondida tras un rincón, mientras su galán de quinta se ahogaba entre el sudor de sus propios nervios. Sólo estábamos ella y yo, y el mundo coludía para vivir ese momento juntos.

Vente conmigo, pedazo de amor. Ven conmigo esta noche y déjame demostrarte las ganas que te tengo, las ganas de tomarte contra la pared, y romper todos esos trapos que traes encima. No soy más CORAZONES; me siento diferente, un animal dentro de mí que empieza a gobernar mis decisiones, y transformar mis cuentos de amor en historias perfumadas de erotismo.

Traviesa, coqueta y atrevida. Me miras de reojo esperando ser conquistada, eres mi gacela bajo el sol africano. No necesitas hacer nada para seducirme y convertir mis mordiscos en placeres mágicos. Ya no soy un niño romántico detrás de crayolas y tarjetas de colores, soy un hombre que busca robarte esta noche, y extraviar tu pudor y mesura en el camino. Me deseas tanto como yo a ti. Niña de su casa mientras sales de tu casa, hembra en celo en este espacio entre tú y yo.

Quiero hacerte el amor, hasta romperte los huesos.

Empecé a darme cuenta que un lado animal se apoderaba de mí, por lo que hice un esfuerzo por bajar mis revoluciones. Mi corazón empezó a disminuir su velocidad y volví a sentir el frío aire acondicionado. Ella volvió a mirar el suelo para no ser descubierta, y yo volteé a mi compañera nocturna, para disculparme por mi indiferencia. Llegamos al tercer piso y los cuatro tripulantes salimos al mismo tiempo.

Abres tu puerta, cuarto 302; mientras que el número 301 de mi llave demuestra la ironía de mi destino. “¿Qué nos depara esta noche?, ¿Cómo haremos para superar ruidos ajenos, que no corresponden a los nuestros?”, me pregunto en silencio. El poco hombre que anda contigo entra primero a tu cuarto, mientras tú te quedas al borde de la puerta. Yo dejo que mi compañera se adelante al dormitorio. Ahí quedamos los dos, mirándonos fijamente. Cada uno bajo el marco de su puerta. Cada uno queriendo decir mil cosas, y callar todas.

Me miras y no dices nada, abres los labios pero no dices nada. ¿Te veré mañana en el mismo lugar? Sonríes y cierras tu puerta. Yo apago mis luces.

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