EL PRIMER BESO (1 de 3)

Carita1

En mi mundo, el PRIMER BESO es uno de los eventos más esperados por cualquier niño o adolescente. Aprendí que ese momento TIENE que ser increíble, y que DEBE ser con aquella persona que te encante… que te ilusione hasta los huesos. Que cuando se dé, sentirás cosquilleos por todo el cuerpo, sentirás que puedes volar, que te conectas con la tierra, con el cielo, con el verdadero amor cara a cara. Viví en una realidad que me enseñaba día a día que el primer beso no se regala, por más ganas que tengas de andar subastándolo a cualquier compradora. Es una experiencia única en la vida de cualquier ser humano, situación memorable y determinante incluso para el futuro de tu bienestar emocional. Nací creyendo que los besos son dulces y los amores de colores.

¿Quién alimenta estas fantasías locas e intensas? De niño, películas como “My Girl” (Mi Primer Beso) fueron construyendo estas ideas y expectativas. Yo soñaba con ser Thomas (M.C.), esperando a mi Vada (A.C.), quien no sólo robaría un poco de mi niñez, sino también se apropiaría de mi corazón. “Métele cara”, decían mis amigos, “no la dejes pensar”, terminaban por aconsejar. Sin embargo, yo seguía en las nubes… veía a Aladino cantándole a una princesa dibujada, de mentira, volando por los cielos arábicos. Vivía entre esas nubes, y realmente no me quejo, ni me arrepiento… gracias a ellas pude vivir fantasías que me hicieron recontra feliz. Además… ¿de dónde iba a aprender sobre ese PRIMER BESO? ¿En los comerciales de pasta de dientes?

A diferencia de muchos, yo esperaba mi PRIMER BESO tranquilo, sentado en el sillón de mi sala, sin apuro, ni desesperación. Sabía que cuando la oportunidad se presentara, tendría la capacidad de darme cuenta y aprovecharla. Estaba seguro que la música de fondo empezaría a sonar y que todo sería mágico. No dudaba que tarde o temprano encontraría a la niña de mis sueños, para poder regalarle ese tesoro que tanto guardaba para ella. Así fue que llegó mi primer beso, coincidentemente con mi primera enamorada… bien al estilo de JOTA DE CORAZÓN(es).

Me acuerdo la noche en la que la conocí, era una de esas fiestas organizadas por las mamás. Esos tonos en donde las chicas no conocen a los chicos y viceversa. Estrategias crueles pero efectivas que utilizaban las madres para expandir el mundo social de los más tímidos colegiales. Ahí estábamos, toda la “mancha”, jugándonos el pellejo, arriesgándonos a ser víctimas de “bullying” el lunes en la formación. Sin embargo, nuestras ganas, nuestro instinto puberal nos llevaba impulsivamente a dicho encuentro. Bien preparados, todos duchados y oliendo rico. Ahí también estaba yo, con mi mejor “outfit”; me había robado la camisa de mi hermano mayor (me quedaba enorme esa huevada a cuadros) y usando el perfume de mi viejo. Nervios en el bolsillo derecho, estupidez en el izquierdo. Estaba listo.

En esa fiesta la conocí… ahí estaba ella, escondida detrás de sus amigas…

Era la mujer que había buscado TODA mi vida. Ojos chicos y marrones, hacían que sus cejas y pestañas se notaran más. Ojos que contrastaban con su pelo rubio, tan amarillo como esos rayos de luz que entran por mi ventana en las mañanas. Se llamaba Ginnette (nombre y apellido francés), y se convertía peligrosamente en un trofeo para la casa. No había duda, ésta era la noche. Esa noche conocería a mi primer beso, aquella chica que formaría parte de mis recuerdos. Curiosamente, no era Ginnette… aunque sí estaría presente antes que acabe esta historia.

¿Dónde estaba ella, entonces?

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