A TI, CORAZÓN

Esta vez te tengo arrinconado. Se te ve tan cobarde así, apoyado contra esa pared, empujándola de espaldas como si intentaras atravesarla. Tú, corazón, te jactas de grandioso o valiente, pero no eres más que un órgano más de mí. No te me escapas esta vez. Ya me cansé de ti, de que me hagas sufrir con todas las huevadas que se te ocurren. Estoy cansado de tus ideas, de tus fantasías, de tus miserables sueños sin sentido. Cada vez que te sigo me hacen pedazos; cada vez que te hago caso me hacen añicos, te hacen añicos y me duele a mí. Estoy cansado de tantos golpes, ya no quiero llorar. Hoy me cansé de ti. Te tengo en mis manos, frente a mí, cara a cara para que me puedas responder. Habla pues, defiéndete, explícame ¿por qué la vida es así? ¡HABLA!… Nada. Ahí estás, palpitando de miedo, temblando como cobarde. Sigo insistiendo y te quedas callado. Sólo me miras y no dices ni una palabra. No paras de palpitar. Dime algo por favor. Nada. No sabes qué decir. Estás igual de confundido que yo, eres yo. Estás partido en mil pedazos como yo, eres yo. No sabes qué responder. Palpitas más rápido porque estás asustado, sientes lo mismo que yo. Tiemblas igual que yo. Me sigues mirando y me partes el alma, me partes el corazón, y lo sientes tú. Me miras buscando respuestas, pero no sé qué decir. Te pones rojo, o siempre estás rojo, y te extiendo mi mano. Sé lo que sientes. Vente conmigo, corazón, vuelve a mí. Continuaré escuchándote y siguiéndote. Continuaré creyendo en tus sueños y fantasías, porque sé que algún día la encontraré, a ella de la que siempre me hablas. A pesar de mil heridas, te seguiré siempre, porque sin ti yo no existiría… mi nombre tampoco. – Jota de CORAZÓN(es)

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