TRAVESURAS EN EL BUS

Una vez tuve que viajar en bus de una ciudad a otra, en Estados Unidos. Me habían recomendado no viajar en una compañía específica de buses (no es necesario mencionar cuál) porque era un toque peligrosa. Según me decían, podías toparte con algún perturbado o hasta un asesino en serie. Igual viajé en esa empresa. Así es como me metí en una de las historias más inesperadas que haya podido vivir. Desde que hice la cola para entrar a ese inmenso vehículo de metal, ya me había dado cuenta en la huevada que me estaba metiendo. Estaba rodeado de personas que venían de países que nunca había escuchado en mi vida; el inglés y el castellano, parecían dialectos totalmente desconocidos.

Entre todo este alboroto, había una flaquita que se distinguía notoriamente. Estaba recontra simpática. Lo que más me llamaba la atención de ella, es que estaba vestida con un estilo granjero, típico de los estados céntricos de ese país. Desde que la vi ya mi mente volaba a mil, me moría de ganas de conocerla; sentía que tenía que decirle algo, cualquier cosa. Sin embargo, me daba demasiado roche, no era mi momento, andaba mal vestido y no me tenía tanta confianza para hacerlo. Mientras entrábamos al bus, me di cuenta que le hicieron problema para subir, no la dejaban pasar porque tenía exceso de equipaje. Hubiera querido ser un caballero y ayudarla de alguna manera; sin embargo, me hice el loco y subí a coger mi sitio.

Cuando estuve sentado en mi sitio, me dediqué a ver por la ventana todo el rollo que le hacían a la pobre chica por tener demasiadas maletas. Mi cara de curiosidad y morbo era evidente. Mientras seguía babeando por esta mujer, ella volteó y me miró. Me sentí totalmente ampayado. No tenía dónde esconderme o cómo disimular que la había estado mirando. Y aquí es donde empiezan a aparecer una serie de acontecimientos totalmente inesperados para mí. La chica me sonrió y empezó a mover los labios, me decía algo, pero obviamente no la podía escuchar. No sé si no la entendía por culpa de la ventana o por el estado EPCL (ESTUPIDIZADO POR LA PRESENCIA DE UNA CHICA LINDA) en el que me encontraba.

Cuando pude entender lo que me decía, me di cuenta que me estaba pidiendo que le separe sitio. O seaaaaa… ni cagando lo podía creer. “Para ti, lo que tú quieras mi amor”, me ponía a pensar (realmente en este tipo de situaciones empiezan a llegar estos pensamientos recontra huachafos). No lo podía creer, iba a pasar cuatro horas seguidas con esta chica tan linda. Ya cuando ella subió, me encontró diferente, ya me había peinado, puesto colonia y hasta había masticado un caramelo de menta, por si las huevas.

Pasaron los minutos y empezamos a hablar. Conversábamos fluido, sobre cualquier huevada y cuando tocaba dormir, lo hacíamos al mismo tiempo. Yo estaba en mi gloria, “vaya anécdota la que me voy a traer a Lima”, me repetía. Me comentó que estaba volviendo nuevamente a la casa de sus padres porque se había quedado sin dinero, pero que se mudaría con un “roomate” sin ningún problema. De repente, me preguntó directamente y sin anestesia, si yo estaba viviendo solo y si estaba buscando compañera de cuarto.

What the fuck?

No, esa pregunta no salió de mi boca pero si apareció en mi cabeza. De hecho no la conocía tanto y ya se me estaba mandando, la muy traviesa. Pero es que estaba tan rica que yo le hubiera dicho que sí a cualquier cosa. Yo estaba volviendo al Perú en unos días después, pero una pequeña mentirilla no haría la diferencia. Le dije que podía ser, que era cuestión de seguir conversando y las conversaciones empezaron a fluir más. Los temas se iban poniendo más interesantes, más atrevidos. Yo seguía embobado por esta niña tan linda y provocativa, todo lo que ella me decía era ley para mí. En plena conversación, me hizo un comentario un toque curioso. Me confesó que tenía una debilidad y que le daba vergüenza decírmela. “Qué linda”, pensé, y empecé a imaginar que me diría que le gustaban mis ojos o que estaba muy entretenida conversando conmigo.

De la nada, sacó su celular y me mostró una foto. “Listo, se jodió todo”, pensé. Quede paralizado. No fue lo único que se paralizó de mi cuerpo. Esta chica tan simpática, con aspecto de granjera, había sacado su celular y me estaba mostrando una foto de ella, DESNUDA, NAKED, CALATA. Mi estado EPCL había cambiado a AHPCT (AHUEVONADO POR LA PRESENCIA DE UNA CHICA TRAVIESA). La situación se puso más jodida cuando continuó mostrándome otras fotos, en donde el atuendo no cambiaba, tan solo la posición. O sea, de machito no me quedó nada. En verdad me puse nervioso y obviamente excitado también. Mi cerebro decidió entrar en huelga en ese momento y entre tanta confusión, ella me besó.

Le seguí el juego, ni que fuera pelotudo… y continué chapando con ella. La cordura, el pudor y el respeto por los pasajeros se habían convertido en puras palabras sin sentido para mí. Mientras la situación se ponía más interesante, vino la confesión de su terrible secreto. Acercó sus labios a mis oídos y me dijo, “I am a sex addict”. Juro que me dijo eso, no es mentira, no lo estoy inventando. Me quedé recontra estupidizado. Estaba seguro que había una cámara escondida por ahí. En cualquier momento me harían quedar como un idiota. Sin embargo, nunca nadie salió.

Todo esto ocurría en los dos asientos laterales del bus de esta compañía que todos mis amigos habían rajado. Cuando les contara esta experiencia, se irían a comer todas sus palabras. Mientras yo seguía chapando con esta gringa, como un campeón, ella me propuso para ir a la parte de atrás del bus. No tengo claro si me dijo para ir al baño o a los asientos de atrás. De hecho, fue una propuesta que me agarró un toque desprevenido. Como me vio dubitativo, se levantó el polo y noté claramente que no tenía sostén. Sus senos, enormes y redondos, fueron un golpe certero a mi moral y mi consciencia. Estaba drogado, y estaba a punto de obedecer cualquier cosa que ella dijera. Ella señalaba la parte de atrás del vehículo, pero yo sólo veía TETAS, TETAS y más TETAS.

“¿Y los maletines?”, le pregunté y me dijo que no me preocupara, que los dejáramos ahí. Mmmm… eso no sonó tan bien que digamos. Ella empezó a caminar hacia la parte de atrás pero yo me había quedado pensando. De repente, todo empezó a tomar mayor sentido. Recordé haber visto a esta chica conversar con una pareja de señores en diferentes momentos antes de subir al bus. Algo no andaba bien. Minutos atrás me sentía todo un sex symbol, un campeón, y ahora estaba empezando a tener miedo. “Soy un cobarde”, pensé. Me daba miedo ir al baño y no regresar nunca más. Al final me quedé en mi sitio.

Después de unos minutos, mi compañera de viaje volvió, en su cara hacía evidente su molestia. No me volvió a hablar más en todo lo que quedaba del viaje. Me sentí recontra incómodo durante todo ese tiempo. Cuando llegamos a mi destino intenté despedirme de la chica, quien me volteó la cara. “¿Y si la cagué?”, no podía sacarme de la cabeza esa idea. Me perdí de una de las mejores anécdotas de mi vida pero de ahí noté algo que me haría cambiar de opinión rápidamente. Ya estando afuera del bus, vi que la chica se sentaba junto a los dos señores que había recordado. La señora, que estaba pegada a la ventana, me sonrió, mostrándome lo desastrosa que era su dentadura; y mientras sonreía, la muy pendeja, me mostró el dedo anular de despedida.

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